Buscar el rostro de Dios

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«Recurran al Señor y a su fuerza; busquen siempre su rostro». Salmo 105:4

¿Qué significa ‘buscar el rostro de Dios’? Yo creo que va más allá de orar y leer la Biblia… Es mucho más que acercarnos a pedir ayuda cuando tenemos problemas.

Me llama la atención cómo se expresa este versículo en la versión Traducción de Lenguaje Actual:

«Acerquémonos a nuestro poderoso Dios, y procuremos agradarle siempre».

Buscar el rostro de Dios es hacer algo esperando que Él esté contento…

Es llamar su atención de tal manera que nos regale una sonrisa…

Es adorarle de todas las maneras que se nos ocurran, incluyendo nuestra obediencia.

Cuando tú buscas el rostro de Dios no le pides nada… Sólo te acercas por el simple placer de disfrutar su compañía…

Buscar el rostro de Dios significa anhelar la aprobación de Dios con tu accionar.

No esperes a ver qué es lo que Dios puede hacer por ti… sino más bien, qué haces tú para que Él sonría y se ponga feliz contigo.

¿Cómo lo puedes hacer?

Sólo acércate a su presencia tal como eres, sin esconder nada… Tú eres su hija y te va a aceptar.

Derrama tu corazón delante de Él, no le ocultes tu pecado. 
Confiésalo con arrepentimiento, es decir, con la decisión firme de no volver a hacerlo.

Platica con Él de lo que quieras. Siempre haz un silencio para escucharlo… Él también quiere hablarte.

Cuando empiezas a buscar el rostro de Dios, comienzas a conocerlo; y al conocerlo te animas a vivir como a Él le agrada.

Tu espíritu tiene la necesidad de contemplar el rostro de Dios. Mira lo que dice el salmista:


«El corazón me dice: «¡Busca su rostro!» Y yo, Señor, tu rostro busco». Salmo 27:8

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Amiga, pon atención a lo que tu corazón te pide… Escucha esa voz interna que te invita, es el Espíritu de Dios que anhela llevarte a una intimidad con Él.

Busca el rostro de Dios y seguramente sus manos abundarán en bendiciones para ti.

La gracia y el favor de Dios vendrán sobre ti (sin necesidad de pedir), cuando te deleites en buscar el rostro del Señor.

«Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón». Salmo 37:4

Que Dios te sonría siempre, mi querida amiga lectora. Con amor,

Lidia E. Cames