TÚ ERES MI DIOS. Qué sucede cuando dices esto

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Quiero compartirte lo que sucede cada vez que le dices al Señor: Tú eres mi Dios”. En el ámbito espiritual y en tu interior se activan cosas maravillosas siempre que tú dices con fe: “Tú eres mi Dios”.

«Y tendré compasión de la que no recibió compasión, Y diré al que no era Mi pueblo: 'Tú eres Mi pueblo,' y él dirá: 'Tú eres mi Dios». Oseas 2:23 (NBLH).

Todas las veces que tú dices al Señor: “Tú eres mi Dios”, le estás dando respuesta afirmativa a su declaración: “Tú eres mi pueblo”…

Al mismo tiempo que se afirman otras verdades bíblicas en tu corazón:

  • Reconoces que eres de su propiedad… «¡Reconozcan que el SEÑOR es Dios! Él nos hizo, y le pertenecemos; somos su pueblo, ovejas de su prado». Salmo 100:3 (NTV)


  • Aceptas que Dios se ha compadecido de ti cuando tú no lo merecías… «Y tendré compasión de la que no recibió compasión». Oseas 2:23 (NBLH).


  • Su gobierno se establece en tu vida, ordenándola conforme a su voluntad… «Padre nuestro que estás en el cielo: Que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios. Ven y sé nuestro único rey». Mateo 6:9-10 (TLA).


  • Crece tu confianza de provisión, protección, seguridad, y sanidad; porque Él es quien se encarga de todas tus necesidades… «A los que buscan al Señor nunca les faltará ningún bien». Salmo 34:10 (DHH).


  • Recibes  poder a través del Espíritu Santo para soportar y/o vencer las dificultades, preocupaciones o adversidades que se presenten en tu vida… «Cuando eres débil, mi poder se hace más fuerte en ti». 2 Corintios 12:9 (PDT).


  • Aseguras que jamás estás sola, ni desamparada, ni debilitada; porque Él ha prometido ayudarte y acompañarte todos los días de tu vida… «¡Así que sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni sientas pánico frente a ellos, porque el SEÑOR tu Dios, él mismo irá delante de ti. No te fallará ni te abandonará». Deuteronomio 31:6 (NTV).


Puedes empezar desde hoy a decirle al Señor en voz alta: “Tú eres mi Dios”…

Cuando todo te vaya bien dale a Dios el mérito… Acuérdate de agradecer diciéndole: “Tú eres mi Dios”.

Cuando te encuentres en situaciones difíciles levanta tus ojos al cielo y declárale firmemente que Él es tu Dios Grande, Fuerte, Victorioso, Todopoderoso y Misericordioso.

Cada vez que las circunstancias se compliquen sólo dile con convicción: “Tú eres mi Dios”; y la paz será multiplicada en tu corazón.