Renovar la mente

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renovar la mente mensajes cristianos con imágenes

Cuando te propones cambiar hábitos... gestos... conductas...lo logras mediana y temporalmente (algunas veces).

Muchas veces decides esos cambios por las normas que la sociedad (familia, iglesia, trabajo) requiere y espera de ti. Eso es muy bueno. Pero los verdaderos cambios... los que perduran para siempre y que realmente agradan a Dios... son los de tu mente y tu corazón.

Es muy importante enfocarnos ahí, porque los cambios internos determinan los externos... Los pensamientos y sentimientos determinan tus palabras y tus actitudes.

Ahí es donde Dios pone su mirada: en el corazón y en la mente.

¿Luchas contra algunos esquemas de pensamiento y conducta…? ¿Te esfuerzas en dejar esas viejas formas y no lo logras totalmente? ¿Qué tal las ideas preconcebidas, los prejuicios, las actitudes que heredamos de los antepasados? Eso es imposible de cambiar con tu sola voluntad.

No puedes cambiar tu mente en tus propias fuerzas...

Es posible que lo hayas intentado y conseguiste cambiar temporalmente, pero te cansaste y de pronto te viste otra vez en el punto de partida.

¿Sabes por qué?

Porque estos cambios sólo los puede hacer Dios mediante su Palabra y con la ayuda del Espíritu Santo...

«…Dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes». Efesios 4:23

Dios te ofrece cambios definitivos, no temporales… y te ayuda a sostenerte para no regresar atrás.

Ya no luches por hacerlo tú misma...

Lo que a ti te corresponde hacer es evitar caer en el estrés o ansiedad... Confía en que el Espíritu Santo está dentro de ti desde el mismo instante en que aceptaste que Jesús es tu Señor y Salvador.

Decide que quieres cambiar en tu interior... Permite la entrada al Espíritu Santo. Entrégale tu ser y Él lo hará.
Lee la Palabra de Dios y elige vivir de acuerdo a los principios establecidos en ella... y el Espíritu Santo hará lo demás.

Oramos:

“Precioso Espíritu Santo, reconozco que necesito renovar mi pensamiento y mis actitudes y que yo no puedo hacerlo en mis propias fuerzas; por eso hoy acudo a ti para pedirte que hagas los cambios necesarios en mi interior… Tú conoces todo aquello que me está perjudicando y no me deja vivir en la voluntad de Dios.

Te pido que me ayudes a (en este espacio le expones tu necesidad). Renuncio voluntariamente a esta manera de pensar, a estos sentimientos que me lastiman y recibo de ti las ideas y conceptos que vienen del corazón de Dios. Recibo de ti el amor y el gozo de Dios… ahora sé que tengo fortaleza y dirección para vivir de una manera diferente. En el nombre de Jesús”.