El camino a la vida en plenitud

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Acatar instrucciones es el camino que te lleva a la vida en plenitud… Pero aceptar la disciplina no es tan fácil… Reconocer que necesitamos de la corrección es mucho más complicado. Puede ser que algunas veces acatamos la instrucción, pero no la obedecemos.

Es muy difícil aceptar las llamadas de atención. A nadie le gusta que le corrijan, ¿verdad? Pero las correcciones son necesarias para enderezar los pasos y evitar ruina y pérdida… Son necesarias para dirigirnos hacia la vida en abundancia que Dios nos dio.

«Los que aceptan la disciplina van por el camino que lleva a la vida, pero los que no hacen caso a la corrección se descarriarán». Proverbios 10:17

Es un principio que Dios establece en su Palabra, es parte del sistema del reino de los cielos:

Ha puesto señales de autoridad sobre todos nosotros… Él se ha asegurado de que todos tengamos una autoridad para dirigirnos en la familia, en el trabajo, en la iglesia, en el gobierno. Dios hace esto para nuestra seguridad. Los que vivimos bajo las normas del reino de los cielos tenemos que aceptar las figuras de autoridad que Dios nos ha dado.

Pero es tan doloroso para el orgullo decidir caminar bajo la cobertura de autoridad… por eso no nos gusta que nos digan qué hacer y cómo hacerlo. (No hago juicio, es parte de la naturaleza humana).

Por otro lado, es posible que en algún momento de tu vida, las personas en autoridad sobre nosotros (padres, maestros, jefes), no aplicaron la autoridad con el amor que necesitamos, o más aún: Nos lastimaron… y cualquier cosa o persona que ‘huela’ o se parezca a autoridad te incomoda.

Pero es tiempo de perdonar a todas las figuras de autoridad que te dañaron en la niñez y adolescencia, y exponer tu corazón para que Dios sane esas heridas. El perdón es el primer paso a la sanidad, sueltas esas ofensas y el Señor liberará tu corazón del temor.

Sólo entonces estarás en condición de aceptar la corrección y la disciplina.

Oramos:

“Padre Dios, reconozco que me duele la corrección, hoy decido perdonar a mis figuras de autoridad que me dañaron (puedes mencionar nombres y hechos) y te abro mi corazón para que sanes la herida que provocaron en él. En el nombre de Jesús hecho fuera de mí todo temor del hombre que se haya anidado en mi corazón y te acepto a ti como mi Soberano Señor y decido vivir bajo los principios de tu Reino celestial.

Te pido que aumentes mi fe para poner en práctica los mandatos que me das en tu Palabra. Fortaléceme para aceptar la corrección con humildad, porque sí quiero disfrutar la vida que tú pones delante de mí. En el nombre de Jesús.”