Reflexiones sobre el perdón

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Hoy escribo estas reflexiones sobre el perdón. Es posible que tú pienses que nací y crecí perdonando y que tengo el perdón ‘a flor de piel’… Quizá creas que sólo son palabras que predico y no llevo a la práctica…

Ni una cosa ni la otra. Me cuesta una barbaridad perdonar… Porque duele mucho negarle a mi carne el placer de la venganza. Me pega mucho en el tirano orgullo que quiere manejar mi vida.

¿Cómo podemos mantenernos en el perdón? ¡Es tan doloroso!

A veces me gustaría encontrar algún atajo que me permita un poco de falta de perdón y me digo:

“¿Por qué tengo que perdonar?”

“Si hubiera alguna palabra en algún lugar de la Biblia que me libre de pasar por el proceso doloroso del perdón…”

Y en mi mente aparecen respuestas como éstas:

Perdonar para que Dios me perdone… (Mateo 6:14-15)

Perdonar para no ser entregada a los verdugos… (Mateo 18:34)

Perdonar para cuidar mi corazón… (Proverbios 4:23)

Perdonar para tener honra… (Proverbios 19:11)

Perdonar para avergonzar al ofensor y/o recibir la recompensa de Dios… (Proverbios 25:21-22)

Sin embargo, podría pasar por alto estos beneficios del perdón que la Biblia menciona, y otros más…

Pero cuando me dice que debo perdonar setenta veces siete (Mateo 18:22)

Y también:

«No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen». Mateo 5:39-42, 44

«Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan». Lucas 6:27-28

Cuando recuerdo estas palabras de Jesús, no me queda más que aceptar que debo perdonar ¡sólo porque Dios lo manda

¡Auch!

Entonces escucho el susurro del Espíritu Santo recordándome:

Si el perdón se diera “en automático”, Jesús no nos hubiera mandado a perdonar…

Ah…! Y no solo perdonar: Hay que bendecir al ofensor… ¡¿Por qué?!

Orar… Pedirle a Dios por el que nos ha causado daño… ¡¿Por qué?!

Eso me hace obligar a mi mente y mi carne a enfocarse en el único motivo por el cual estoy viva, libre y sana: Jesús… Porque la finalidad número uno de mi vida es agradarle a Él que dio todo para que yo pueda tener perdón, salvación y vida eterna…

Tomé la decisión de agradar a Dios todos los días de mi vida… y si tengo que pasar por el dolor del perdón para agradarle, lo haré hasta que sea una expresión natural de mi ser. No importa si lo logro solamente cuando ya no esté en este cuerpo, sino en su presencia… Mientras viva lucharé con todo lo posible para agradar a Dios con mi obediencia.

¿Y tú? ¿Qué decisión tomas hoy? 

2 comentarios

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10 de abril de 2017, 18:12 delete

Estoy decidida que Dios me ayude ! :)

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17 de abril de 2017, 11:50 delete

Dios te va a respaldar Tatiana, porque has elegido el camino de su voluntad... Un abrazo!

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