Si no muero no avanzo

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En esos momentos en que es tan urgente crecer. Cuando ya es necesario pasar a otro nivel de fe, de entrega, de obediencia al Señor.
Cuando es apremiante la necesidad de madurar espiritualmente. Cuando ya es tiempo de fructificar. Ahí es donde se decide morir... como el grano de trigo.

si no muero no avanzo

Empiezo. No resulta. Lo dejo. No puedo. No avanzo. Vuelvo a lo mismo… ¿Es tan duro mi corazón?... ¿Tan soberbio?

Sí. Fue lastimado tanto tiempo que ahora no sabe que ya ha sido sanado… y sigue reaccionando de la misma forma: a la defensiva. Ahora lo que duele no son las heridas, es el orgullo que está estacionado en medio de mi corazón…

¡Ja! y el diablo me lo disfraza de rechazo. El pretexto es: ‘me rechazan’… y el rechazo ya no existe.

Ahora se trata de aprender humildad…

Es mejor ser humilde…

Cuando soy humilde no me lastima nada…

Cuando soy humilde nada es personal…

Porque la humildad te quita los ojos de ti misma…

¡Dios!... ¡Cuánto duele!... Pero quiero que duela lo suficiente para que muera la soberbia… Que duela lo suficiente para ser capaz de humillarme… para callarme… para no exigir nada… Para esperar en Dios con ansiedad… Que sea Dios el que se encargue de mí, y no yo de mí misma. No se trata de mí, se trata de Dios obrando en mí y a través de mí.

Ayúdame, Señor, necesito de tu fuerza para hacer morir la soberbia, aunque duela… Necesito valor para enfrentarme a la muerte de mi propio ‘yo’. Sí. Quiero que muera, porque me lastima. El ego lastima de manera lacerante. Es mejor hacerlo morir… porque ya muerto no siente nada. Me duele morir a mí misma…

Hoy decido ser fuerte y valiente…Dar fruto, mucho fruto. No me voy a desanimar… Tengo tu promesa que, tú mi Dios, me acompañarás en todos los caminos que yo ande. Deseo que me acompañes, para que me sostengas en los momentos de dolor… Cuando sienta que explota mi interior por la muerte de ese gran tirano que ahora me está torturando… la muerte de mi propio orgullo.

Gracias Dios… pongo mi vista en lo que me tienes prometido… permite que el gozo por el premio me levante con fe y determinación a dejar que tu obra en mí se cumpla. Por amor a ti, Señor. Lléname de tu amor. Que tu amor sea suficiente para avanzar… Gracias, Señor…

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Josué 1:9 Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.»

Filipenses 3:13-14  Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.
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