A veces duele... pero vale la pena la recompensa

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Reflexión de aliento A veces duele... pero vale la pena la recompensa

A veces me duele seguir a Jesús, porque casi siempre Él me lleva por caminos que no quisiera andar.

A veces me duele obedecer a Dios, porque muchos de los pasos que me indica se contraponen con mis deseos y mis intereses.

A veces me duele dejarle todo en sus manos, porque es difícil soltar lo que me significaba seguridad.

A veces me duele mantener firme mi fe en Él, porque las circunstancias me hablan de un futuro incierto.

Pero…

Vale la pena seguirlo, sabiendo que sus caminos son mejores que los míos.

Vale la pena obedecerlo, comprendiendo que la obediencia siempre genera bendición.

Vale la pena soltar todo, creyendo que sólo en Él tengo seguridad y protección.

Vale la pena aferrarme a mi fe, convencida de que mi futuro en esta tierra está asegurado para bendición… Y después… la vida eterna junto a Jesús y el Padre.

Vale la pena la recompensa. 

Por eso, decido ser valiente, humilde… llenarme de fe, del amor, la paz y el gozo que Dios me da y avanzar a donde Dios quiere que yo llegue.

Espíritu Santo, ¡ayúdame a cumplir el propósito de Dios en mi vida! 

«Y todos los que, por seguirme, hayan dejado a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos o a sus hermanas, a su padre o a su madre, su casa o un terreno, recibirán cien veces más de lo que dejaron, y tendrán además vida eterna». Mateo 19:29