¡Fuera la rebeldía!

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A Dios no le agrada la rebeldía, por eso es que promete quitarla de nuestros corazones. La rebelión nos aleja de Dios y de sus bendiciones.

«Pero si no lo obedecen, sino que son rebeldes a las palabras del Señor, él se pondrá en contra de ustedes». 1 Samuel 12:15

Es posible que te preguntes: ¡¿Rebelde yo?!

Rebelión es la resistencia a obedecer lo establecido en la Palabra de Dios… Una persona rebelde no siempre tiene que ser agresiva o violenta, porque esto tiene que ver con negarse a seguir toda clase de normas y reglas. 

La rebeldía empieza con una actitud de negación a hacer lo que Dios dice, con tal de darle gusto a nuestra propia voluntad… y continúa con la desobediencia a toda clase de leyes que rigen el sistema de gobierno de un país, sociedad, familia, escuela o laboral.

Esto es algo que todo humano trae en su naturaleza, es la desobediencia que entró al mundo a través de Adán y Eva.

Tal vez te has dado cuenta que necesitas dar algunos pasos que Dios te pide en su Palabra… y no es que no lo desees, sino que no puedes porque te agrada vivir como siempre lo has hecho… 

«Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos». Oseas 14:4

Bueno… pues la promesa de Dios es quitar la rebeldía del corazón por medio de la sangre de Cristo. La gracia de Dios que disfrutamos es ese amor que no merecíamos por ser pecadores, pero Él quiso amarnos de pura gracia. 

Dios sanará nuestro corazón de esa rebelión con su amor... Sólo el amor de Dios es capaz de transformar un corazón rebelde en uno obediente. 

En otro pasaje bíblico encontramos una promesa semejante: 


Acepta hoy esa gracia que Dios te extiende, toma esta promesa y declárala con fe:

“Aplico la sangre de Cristo a mi vida y Dios quita la rebeldía de mi corazón y yo recibo su amor incondicional para tener un corazón obediente a Él. En el nombre de Jesús”.

Oramos:

“Padre amado, vengo ante ti para reconocer que en mi corazón hay rebeldía… Yo quiero agradarte, por eso, hoy te pido que borres mi rebelión con la sangre preciosa de tu Hijo Jesucristo, a quien enviaste al sacrificio por amor a mí.
Te pido que me des un corazón nuevo y un espíritu de rectitud que guíe mi proceder… Dame un corazón obediente que siempre desee agradarte en todo lo que haga. Gracias porque tus promesas son fieles, verdaderas y eternas, Señor. En el nombre de Jesús”.
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Con mucho cariño,


Lidia E. Cames